divendres, 5 de setembre de 2014

NÚRIA AMAT

Mario Munich, editor

Fa dies que hi ha enrenou a la xarxa per l’article que l’escriptora Núria Amat va escriure en el diari El País dies enrere  i que trobaran reproduït més avall, carregant, d'una manera agre, contra la independència. També els adjunto dues repliques, una de la revista digital El Núvol i l’altre del bloc PENSIÓN ULISES. Ambdues rèpliques de to diferent, per tal d'obrir el ventall d'apreciacions.

Tot plegat és una mica llarg, però si tenen una mica de temps doncs estaria bé que s’ho llegissin tot, però jo diria que és interessant el comentari del bloc PENSIÓN ULISES, bloc gestionat a Barcelona i que els seus autors editen en castellà i justament per aquesta raó el seu comentari queda exempt de sospita.

Dit això, i observant la causa i l’efecte de tot plegat, voldria comentar un fet on l’escriptora Núria Amat és màxima protagonista.

Primerament dir-los que no l’he llegida, no per res en particular sinó que la manca de temps en fa prioritzar les meves lectures i la Sra. Amat no passa mai, com tant d’altres altrament, en primer terme i no ocultaré que en la meva llista la trobaria força avall, també com tants d’altres.

Anem els fets, potser alguns de vostès recordaran l’editor Mario Munich, va ser un dels primers editors en crear una marca pròpia de qualitat, editant uns llibres que dins el context editorial del moment eren força apreciats pel lect@s, i també va ser uns dels primers en ser honest, en la seva feina, si més no, ho semblava. 

Bé…. Mario Munich va ser qui li havia editar més llibres a l’escriptora i, pel que recordo, tot d’una sense que hi hagués res que ho justifiqués i sense que l’editor n’estigués assabentat, a instancia de la representant de l’escriptora, Carme Balcells, va canviat d’editor, això darrer és pot dir que és legítim, també que la Sra. Balcells va fer la seva feina que es trobar un bon postor pels seus representats, però també és cert que l’escriptor/a pot ser agraït/da i no voler canviar, o bé fer-ho amb valentia i parlant-ne directament, però la cosa sembla que va ser tant “xusquera” (i disculpin) que l’editor, que ni s’ho imaginava, ho va viure com una traïdoria. En el seu moment, això va ser força comentat i tot i l’equanimitat dels comentaris a les revistes literàries, sí recordo que d’una manera general el to va ser que li havien clavat una punyalada a Mario Munich. Com han passat força anys no puc recordar els ets i uts del cas, però sí el pòsit residual que ha romàs a la meva memòria. 

Desprès d’aquest fet,  ho admeto tinc prejudicis amb la Sra. Amat i sé que això, com a lectora i servidora de vostès, no diu gaire el meu favor. Però en això és pot veure que el perfil de Núria Amat ve de lluny.

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l'article de Núria Amat,


Querido Orwell

Maestro, le escribo esta carta abierta para decirle que su homenajeada Cataluña vive una situación que le escandalizaría. El nacionalismo separatista nos ha dividido en buenos y malos catalanes



RAQUEL MARÍN

Qué hace una escritora como yo en un país como este vendría a ser la pregunta clave desde que el nacionalismo independentista del Gobierno catalán ha izado sus banderas guerreras contra los catalanes que no comulgamos con la ideología soberana imperante. Preferiría no tener que hacerlo, querido Orwell, a fin de no malgastar mi energía poética, única felicidad a la que aspiro, y dar por zanjada esta inexacta rareza por siempre. Pero los tiempos del zafarrancho que vivimos en mi país pequeño, donde políticos separatistas y sus cornetas seguidores censuran y reprimen todo cuanto no vaya ungido de la estela patriótica, me obligan a hablar, por ejemplo, sobre la naturalidad de ser una escritora catalana que escribe en castellano, y a veces también en catalán, porque catalán es el mundo en el que nacen mis libros y catalana la historia de mi país múltiple, diverso, con dos lenguas benditas, catalán y castellano, que me pertenecen por completo.
Desde que Cervantes llegó buscando la imprenta de sus sueños, Barcelona ha sido centro neurálgico de alta literatura. Pero la Cataluña receptora de lo mejor de las literaturas hispanas y de una procreación de autores y editores catalanes en castellano subsiste hoy en una especie de territorio comanche. Ahora, cuando los grandes escritores del mundo han dejado de venir a visitarnos, es como si la fraternidad de culturas y acentos hubiera desaparecido del todo y las voces que admiraba el mundo por su riesgo literario e intelectual están siendo encubiertas por un festival folclórico de libros improvisados.
Virus imparable el independentista porque, además, un Gobierno de derecha anestesiada gobierna la actual España y con su falta de sensibilidad se ha sumado a la intoxicación de la concordia de los ciudadanos del país pequeño, creando los nacionalistas de aquí una situación que haría escandalizar a usted mismo, querido Orwell, y a su obra Homenaje a Cataluña, libro de cabecera de todo catalán que se preciara. Ni usted, referente universal de la defensa de las libertades, ni sus imprescindibles Notas sobre el nacionalismo, convencerán a un nacionalista catalán que deje de serlo. Una moda escapar de España; una tendencia festiva y obligatoria quedarse encerrados en la pequeña finca particular, como quien se va de campin una temporadita, cuando sabemos la gravedad de toda ideología populista que lleva “al nacionalista no solo a desaprobar las barbaridades cometidas en su propio lado sino que tiene una extraordinaria capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas”.
Por eso los nacionalistas separatistas han dejado de leerle a usted, señor Orwell, a la vez que rechazan libros de valor intelectual o estético alejados de la emoción patriótica y de opinión opuesta a sus tejemanejes nacionales. Usted vuelve a dar en el clavo cuando dice: “Todo nacionalista se obsesiona con alterar el pasado... Hechos importantes son suprimidos, fechas alteradas, citas removidas de sus contextos además de manipuladas para cambiar su significado”. Sin ir más lejos, entre otros muchos falseamientos selectivos de la historia llevados a cabo en su querida Cataluña, maestro Orwell, el más reciente y al que han dedicado monumentos, congresos, libros y museos, ha convertido la guerra de Sucesión dinástica de la Corona española de 1714, desatada entre Borbones y Austrias, en guerra civil de victimización de catalanes, como si Cataluña hubiera perdido una guerra cuando en realidad no hubo vencedores ni vencidos por razones de país, sino por dar apoyo a uno de los dos reyes en palestra.
A los escritores contrarios al independentismo se nos aparta de los medios y de las universidades
De todo cuanto le digo, querido Orwell, lo que me sacude el ánimo hasta un extremo doloroso es la división entre buenos y malos catalanes según sea nuestro grado de simpatía o antipatía por el independentismo, de manera tal que una frontera divisoria nunca vista desde la dictadura nos ha separado de amigos, familiares y conocidos, de ilusiones y de proyectos comunes, de nuestro futuro inmediato, de nuestra literatura célebre por su entidad y riqueza formal exclusiva, y hasta de nuestros trabajos literarios y universitarios, de los que también nos han ido apartando como esos insectos molestos y peligrosos a los que usted hace referencia en sus notas antinacionalistas. Sin violencia física, como les gusta justificar a viva voz; con intimidación solo psicológica, pero violencia al fin, nos miden el grado de catalanidad con baremos tan infantiles, por no llamarlos racistas, como el nivel de catalán de sus ciudadanos, el partido al que pertenecen, la bandera que cuelgan en su balcón, los libros que compran y su sentimiento de independencia.
También el nacionalismo de aquí ha tenido sus ladrones de guante blanco. El colmo ha sido Jordi Pujol, presidente de la Generalitat durante treinta años, cuya lucha patriótica y soberanista era solo estrategia para beneficio económico del mismo Pujol y el de su familia, llevándose el dinero a paraísos fiscales y preparando el país para que su hijo pudiera heredarlo. El rebrote del virus separatista encontró campo abonado cuando, después de una transición ejemplar, determinada doctrina oficial del Gobierno pujolista y posmaragallista tergiversó los acuerdos promulgados y aceptados después de treinta años de dictadura. Ya en 1997 Mario Vargas Llosa acudió al Palau de la Virreina y tocó donde más duele al catalanismo. Acusó a la ciudad de ser “más provinciana y menos universal”, por efecto del nacionalismo que a principios de los años setenta. Desde entonces, el escritor peruano ganador de un Nobel no es bien recibido por las fuerzas políticas de este país cuya lengua, el catalán, nunca ha sido mejor valorada como en los libros sobre Tirant lo Blanc que el autor le ha dedicado.
Vivimos un zafarrancho de cornetas que  censuran y reprimen lo no ungido por la estela patriótica
Hasta que aparece en escena Artur Mas, presidente de la Generalitat, con su órdago independentista embrollando a los catalanes, siempre bien avenidos, ahora divididos en un país que muchos califican de enfermo. Si se había definido que era catalán todo aquel que trabajaba y vivía en Cataluña, el Gobierno de CiU añadió un concepto ideológico: “Y de aquellos que tienen voluntad de serlo”. Esta añadidura significó el comienzo de un proyecto nacionalista exclusivo ideado para dar patentes de catalanidad a quienes trabajen para merecerlo. A partir de entonces, los escritores catalanes que escribimos en castellano, junto con los que, también haciéndolo en catalán, son críticos con el nacionalismo, pasamos a convertirnos en anticatalanes. Enemigos del pueblo. Usted sabe mejor que yo, señor Orwell, que el peligro de todo nacionalismo es “el hábito de identificarse con una única nación o entidad, situando a esta por encima del bien y del mal y negando que exista cualquier otro deber que no sea favorecer sus intereses”.
Una parte significativa de la literatura de éxito de Cataluña se ha escrito siempre en castellano. Detalle, éxito literario, que molesta al nacionalista que niega por activa y por pasiva otra literatura que no favorezca sus intereses, o sea: escritura militante de Estado propio. Por eso ni Carles Riba, ni Salvador Espriu, ni Josep Pla, ni Josep Maria Castellet serían hoy independentistas. Los últimos veinte años están repletos de batallitas represivas del nacionalismo con sus ciudadanos escritores. Han ido cambiando de tono y estrategia. Inverosímiles, muchas. Grotescas, otras. Cada vez más ocultas y afiladas.
A los escritores contrarios al nacionalismo nos apartan de la prensa escrita, de los medios públicos, de las universidades y de todo aquello que pueda representar ventana de nuestra existencia. El poder político catalán incide directamente en la distribución de puestos de trabajo y financia con dinero público empresas culturales sectarias. Lo tienen comprado todo: editoriales, universidades, periódicos... El afán independentista por apropiarse del pastel en todas las casillas nos tiene saturados. Políticos y tertulianos separatistas jalean de forma mesiánica a los ciudadanos. ¿Qué más puedo decirle, señor Orwell, que usted no sepa? Los residuos de regímenes dictatoriales dejan abono de ideologías nacionalistas, las mismas que en su día desataron dos guerras mundiales. Esperemos que jamás ocurra. ¿Y mientras tanto? ¡Cuánta literatura perdida!
Nuria Amat es escritora.

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Editat al bloc PENSIÓN ULISES

miércoles, 3 de septiembre de 2014

ARTÍCULO POLÉMICO: NURIA AMAT, ESCRIBIR EN CATALUNYA, Y OTRAS COSAS




El diario "El País" publica un artículo polémico, Querido Orwell, de la escritora y amiga Nuria Amat, en forma de carta abierta a Georges Orwell, que incide sobre la división entre "catalanes buenos y malos" que se estaría llevando a cabo en Catalunya, según la opción política que uno mantenga y exprese en público y en privado. "Catalanes buenos", serían los catalanistas, soberanistas, independentistas. "Malos", todos los demás, aquellos que están contra la consulta y la posible independencia:
"De todo cuanto le digo, querido Orwell, lo que me sacude el ánimo hasta un extremo doloroso es la división entre buenos y malos catalanes según sea nuestro grado de simpatía o antipatía por el independentismo, de manera tal que una frontera divisoria nunca vista desde la dictadura nos ha separado de amigos, familiares y conocidos, de ilusiones y de proyectos comunes, de nuestro futuro inmediato, de nuestra literatura (...)". 

Cierto que a veces uno puede sentirse un bicho raro escribiendo en castellano aquí, en Catalunya, y que no recibimos las ayudas que deberíamos tener. Pero en el artículo de Nuria Amat, aun entendiendo su reacción airada y creo que demasiado visceral contra el catalanismo, encuentro a faltar ("echo en falta" o, mejor, "encuentro que falta", como me indica amablemente Lázaro Covadlo en Facebook sobre mi castellano corrupto, propio de Barcelona) alguna reflexión sobre el españolismo que nos gobierna y nos ha gobernado, una gran cantera indirecta de soberanismo, de nuevos independentistas catalanes. 

Por otra parte, ella misma, Nuria Amat (escritora a quien admiro) ha sido autora premiada y reconocida en Barcelona y tiene numerosos lectores, como otros escritores catalanes que escriben en castellano, que incluso reciben algunos premios oficiales (pocos, es verdad, generalmente limitados al "Ciudad de Barcelona") y están en las listas de los libros más vendidos, como Eduardo Mendoza, Enrique Vila-Matas y otros. Además, los que escribimos en castellano en Catalunya, aunque de momento seamos bichos raros, tenemos la ventaja de poder ser leídos por 300.000.000 de hispanos o más (es sólo una posibilidad, ya lo sé, y de la que por supuesto estaríamos excluidos, por falta de distribución y difusión, poetas y otros no-novelistas).  

No creo, por otro lado, que Editoriales como Planeta, Seix Barral o Anagrama hayan bajado sus ventas a causa de la consulta y el catalanismo. Además, a una escala mucho más humilde de ventas (a menudo sin ventas) y sin premios, algunos escritores (poetas y narradores) que escribimos en castellano en Catalunya también podemos publicar en editoriales más pequeñas como Acantilado (Quaderns Crema), Igitur, Emboscall, DVD (cuando existía) y otras, sin prejuicios ni problemas de lengua. A modo de ejemplo, hay un editor, catalán y catalanista, que a los que escribimos en castellano nunca nos ha sugerido que "deberíamos" cambiar de lengua y escribir en catalán.

Por supuesto, no nos van a dar el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, pero eso ya lo tenemos asumido desde los orígenes, cuando comenzamos a escribir. Tampoco se lo dieron a Josep Pla, que escribía en catalán y en castellano (no obstante el valor subversivo de sus catalanadas, como criticarían algunos puritanos de la lengua, catalanadas que paradójicamente podrían crear una nueva variante del castellano, como en Latinoamérica, valga la ironía). 
Quizá algún día, cuando las cosas estén ya más claras, definidas y cada uno (país) con su propia identidad política y sus propios problemas, compartidos sin pretextos ni excusas, podamos aspirar a uno de esos premios honoríficos, por ejemplo, un Premi d'Honor de les Lletres en Castellà corrupte de Barcelona (para escritores menores y exóticos, a los que me apunto), así como otros Premios de Honor más serios. Quién sabe, dicen que el respeto y el reconocimiento mutuo pueden hacer milagros, como ya advertía Hegel. Para finalizar, sólo añadir que, como dice bien Nuria Amat y comparto plenamente, es una lástima que tengamos que malgastar nuestra "energía poética" en esos debates políticos. 

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Resposta a Núria Amat

/ 5.09.2014

Núria Amat publicava dimecres un article d’opinió al diari El País titulat Querido Orwell. L’autora d’Amor i guerra, (premi Ramon Llull) es posiciona contra l’independentisme. Josep M. Fulquet respon aquí a l’article de Núria Amat.

L'escriptora Núria Amat
He llegit, amb angúnia, el libel en què Nuria Amat, dirigint-se figurativament al fantasma de George Orwell, aprofita per carregar amb duresa contra una Catalunya fruit de la seva invenció, una Catalunya dominada pel “nacionalismo independentista” que, a parer seu, ha hissat les seves “banderas guerreras” contra els catalans que, com ella, no combreguen “con la ideología soberana imperante”. Fa gràcia —si no fes pena— veure com la senyora Amat, d’una manera absolutament matussera i sense matisos de cap mena, dispara contra tot i tothom per justificar, en el fons, la seva mediocritat com a novel·lista, una bona prova de la qual és el seu libel mateix, redactat amb una prosa i una puntuació que farien enrojolar un estudiantet de Secundària. El fet no tindria més importància si no fos el victimisme de què fa gala quan atribueix al complot nacionalista el fet d’haver de parlar (potser vol dir “de justificar”?) de la naturalitat de ser una escriptora catalana que escriu en castellà —“y a veces también en catalán”— perquè, diu, “catalán es el mundo en el que nacen mis libros y catalana la historia de mi país [...] con dos lenguas benditas, catalán y castellano, que me pertenecen por completo”.  Molt bé. No seré jo qui li esmeni la plana, a la senyora Amat, i lamento molt l’esquizofrènia que li deu representar haver de triar entre aquestes dues llengües —això sí, “benditas”—, sobretot a l’hora de presentar-se a premis com el Ramon Llull, que va guanyar en l’edició de 2011 amb un títol, Amor i guerra, un títol que semblava anunciar l’escissió moral que li deu representar viure en aquest país petit entestat a decidir el seu futur polític. Es pot ser, com la senyora Amat, furibundament antinacionalista catalana, i firmar el libel del Foro Babel o dir que la immersió lingüística és cosa de nazis; però això és una cosa, i l’altra, molt diferent, “la pela”. I quan hi ha uns dinerets a guanyar, encara que vinguin d’una institució tan separatista com és l’IRL, aquí no hi ha objeccions que valguin. I suposo que la senyora Amat es devia fer traduir el llibre al català (a un català macarrònic, sigui dit de passada) i el va presentar al XXXI premi Ramon Llull. I, coses del país —d’aquest “territorio comanche”, com el qualifica la senyora Amat—, la novel·leta va guanyar. Jo no sé si Cervantes va arribar a Barcelona “buscando la imprenta de sus sueños”, com afirma la senyora Amat, però sí sé que aquesta “procreación (¿) de autores y editores catalanes en castellano” viu i exerceix amb normalitat la seva feina, i no acabo d’entendre a què es refereix quan diu que les veus (castellanes, per descomptat) que ella admirava pel seu risc literari i intel·lectual “están siendo encubiertas (¿)” per un “festival folclórico de libros improvisados (¿)”. Veus “encubiertas”? Llibres “improvisados”? No crec dir cap disbarat si afirmo que l’edició de llibres en castellà té bona salut, ni tampoc que, avui dia, agafar el tren de Sarrià fins a la plaça Catalunya és una demostració palpable i viva de quina és la llengua, de les dues que la senyora Amat afirma que “le pertenecen por completo”, que té més dificultats de supervivència.

George Orwell
Ja diuen que la  ignorància és atrevida, perquè, a més, la senyora Amat es permet donar-nos lliçons d’història quan diu, parlant de la guerra de Successió, afirma sense enrojolar-se gens ni mica que el nacionalisme separatista ha convertit aquest conflicte dinàstic entre Àustries i Borbons “en guerra civil de victimización de catalanes, como si Cataluña hubiera perdido una guerra…” Miri, senyora Amat, per consideració a la seva persona no li dic el que el cos em demana dir-li, però sí que li demanaria que, en lloc de dir aquestes animalades, estudiï una mica. Així potser s’adonarà —potser, només potser— que, amb el decret de Nova Planta que va seguir la derrota militar, Catalunya va perdre molt més que una guerra. Perquè només des de l’autoodi i el ressentiment es poden dir barbaritats com les que destil·la el seu article. Miri, si el giréssim al revés, el seu article s’entendria millor, perquè, de moment, és el nacionalisme espanyol el que ha promulgat, entre altres coses, la llei Wert, que ens vol exterminar lingüísticament a tots. I ja que parla de Vargas Llosa, aquest apòstol del neoliberalisme que sembla haver oblidat els seus orígens i ara parla per boca de l’amo espanyol, sàpiga que Catalunya no necessita les seves soflames per deixar de ser un país “provincià”. El senyor George Orwell, a qui vostè es dirigeix, en va donar una imatge molt més ajustada a realitat quan disparava des de la cúpula del Poliorama durant els Fets de Maig del 37.

Vostè afirma, entre altres coses, que als escriptors contraris a l’independentisme se’ls aparta dels mitjans i de les universitats. No, senyora Amat, només s’aparta dels mitjans i de les universitats als impostors i/o als escriptors mediocres com vostè. Jo he passat uns quants anys de la meva vida professional a la universitat i li puc assegurar que mai no s’hi va barrar el pas a ningú per raons de llengua ni de confessió política. Ho deu haver somiat, això, vostè. I si considera que la transició política va ser “ejemplar” és que té un problema: el que deriva d’haver interioritzat el neofranquisme que la va fer possible, i que li fa dir el que li fa dir. Aquest país potser està malalt, sí, però no de la malaltia que vostè diagnostica. Està malalt de persones ressentides com vostè, que disfressen de persecució el que només és mediocritat, o de complot anticastellà el que només és enveja, fracàs i ineptitud. De persones que, com vostè, són filles dels qui van pactar amb el franquisme i ara es troben que no són ni d’un lloc ni de l’altre. Els escriptors, els bons escriptors, d’expressió castellana no han estat, no ho seran mai, considerats “enemics del poble”. ¿Ho han estat, i cito de memòria,  els germans Goytisolo, Juan Marsé, Jaime Gil de Biedma o Ana María Matute? Per no parlar de Martí de Riquer o els Blecua, pare i fills? Em sembla molt agosarat, per no dir abjecte, afirmar que “ni Carles Riba, ni Salvador Espriu, ni Josep Pla ni Josep Maria Castellet serían hoy independentistas”. Vostè què sap? Ha llegit mai Riba, posem per cas? I si no ho fossin, què canviaria? Riba seguiria sent un altíssim poeta, i Pla, el millor prosista que, després de Muntaner, ha tingut mai la literatura catalana. Cosa que no es podrà dir de vostè, per cert, quan, amb el temps i un bon bri de sort, potser trobarem alguna de les seves novel·letes en una parada del mercat de Sant Antoni. No s’equivoqui, senyora Amat. En aquests moments, el poder polític català té altres maldecaps que finançar amb diner públic empreses culturals sectàries. Ja li ho pot dir, al seu amic Orwell. Que, si pogués aixecar el cap, no dubti que no trigaria ni un segon a dir-li, en bon anglès: “Don’t talk nonsense”. Per entendre’ns, “no digui bestieses”.